LA POESÍA DE JOSE ANTONIO SANTANO

 

Un nuevo libro de Santano, “Lunas de oriente”, (Ed. Dauro, 2018) inaugura la preciosa colección “Rubí de poesía”. Se trata de un poemario, en edición bilingüe en español y árabe, compuesto por 9 poemas y un epílogo ordenados con una estructura envolvente, ya que el primero y el último terminan con las mismas palabras “todas las lunas de oriente” incidiendo aún más en el título. Pero es que, además, como si de una obra sinfónica se tratara, el primer poema es como una obertura (“araño la tierra buscando/los orígenes”) que introduce el tema: “toda la sangre inocente del mundo derramada,/todo el dolor del mundo en único grito”, y cuyos motivos desarrolla en los siguientes: “un exilio tras otro”, “la voz del tirano”, “el mar asesino”, “campos de refugiados”, “los muertos en la playa”, “el espanto de los cuerpos tullidos”, “Damasco cautivo”, “Alepo devastada”, “tiempo holocausto”

La obra se abre, entre otras, con una cita de Amin Al-Rayhani: “Yo soy Oriente/He venido hasta ti, Occidente, como amigo” que condensa el deseo del autor del hermanamiento de ambas latitudes, y que contrasta con el dolor y el sufrimiento de tantas personas exiliadas, refugiadas, represaliadas o masacradas, que denuncia, tomando como referencia las ciudades más emblemáticas, símbolos del sufrimiento humano, pero también espejo de la esencia del mágico oriente. Así desfilan por sus páginas, y por este orden, Bagdad (que el poeta hermana con Ávila, con la Soria machadiana o con la Medina Azahara cordobesa), Damasco, con la visión de Alepo devastada, Estambul, símbolo de la unión de oriente y occidente, Cartago y Gaza, la otra cara del holocausto.

El poeta nos enfrenta, con la maestría técnica que lo caracteriza, a un mundo de contrastes entre la belleza y la magia de lo que han sido y son estos lugares y el dolor y el sufrimiento que padecen como consecuencia de la actuación humana. Contrasta así Bagdad, “la ciudad de la luz”, de jardines, oasis y palmeras con “la voz del tirano”, los campos de refugiados, o “la voz fue acallada/cortadas las manos/destruidas ciudades/bibliotecas ardiendo/en la noche más larga”. Contrastan, incluso los ríos de las ciudades, así el Eufrates se dirige a un mar “de la muerte en arenas/de una playa cualquiera/y a una hora maldita”, mientras el Guadalquivir está “vivo/en la áurea Mezquita/de la torre alminar/en la paz del almuédano/por la huerta del cielo”. Contrastan, en suma, la grandeza de Damasco o Cartago con la visión de la destrucción y la ruina: “los perpetuos osarios/que brotan de la tierra/y son eco podredumbre/de la carne abrasada/en Damasco cautivo”. Y todo marcado por el silencio, ese silencio en cuya sugerencia semántica Santano es todo un maestro: “cuando el río se pierde/y lo engulle el silencio”, “donde solo los muertos/en silencio de sombras”, “y en el mar los silencios/de otro tiempo vencido”, “que tortura y condena/al oscuro silencio”.

Y la magia del heptasílabo, metro preferido de Santano y que él domina como nadie. Un verso que nos llama a letanía y que acompaña perfectamente al contenido. Ese aldabonazo continuo que sugiere muerte, destrucción, sufrimiento y dolor, mucho dolor de tanto exiliado, de tanto refugiado, de tantos vencidos, de tanta miseria humana que comparte el autor. Por otra parte, los recursos estilísticos son escasos, pero contundentes, como corresponde a la naturaleza del tema. Así, se pueden señalar, entre otros, una adjetivación precisa y contenida, sin ningún adorno y sin adjetivos puros: “purísimo negror”, “el mar asesino”, “hora maldita”, “perpetuos osarios”, “carne abrasada”, “cuerpos tullidos”, “oscuro silencio”. Lo mismo sucede con el metaforismo, muy limitado, pero enormemente eficaz y sugerente: “los muertos en silencio de sombras  la infinitud habitan”, “ciudad de la luz negror de luz oscura”, “la noche hiere mi costado”.

Una obra compleja, aunque diáfana en su planteamiento temático que, enmarcada en los más puros axiomas del “humanismo solidario”, del que Santano es uno de sus creadores y máximo impulsor, nos presenta la descarnada realidad del mundo conflictivo y deshumanizado que vivimos y a cuyos desmanes hay que poner urgente remedio para hacerlo más solidario y habitable. Una obra de enorme actualidad que hay que leer y saborear sus esencias, que son muchas.

Alfonso Berlanga, escritor

 

 

 

4 de junio de 2018