EL PABELLÓN DE LAS PEONÍAS O HISTORIA DEL ALMA QUE REGRESÓ

 

Ha vuelto a suceder. El aroma de la letra impresa en el papel de un libro ha producido su benefactor efecto. Sostenido entre las manos su poder de atracción es inmenso. Admiro la belleza de su portada: una mujer china duerme en un jardín rodeada de flores, de sus bellas ilustraciones interiores y me emociono con los suculentos textos que lo contienen, con su armonioso lenguaje, amén de enaltecer una extraordinaria y ancestral tradición cultural que lo hace más hermoso aún si cabe. No es un libro cualquiera, sin duda. Es un libro imprescindible si se quiere conocer la obra cumbre de la dramaturgia china. Se trata, pues, de “El pabellón de las peonías o historia del alma que regresó, escrita por Tang Xianzu (1560-1616), texto traducido por primera vez al español por la investigadora y profesora Alicia Relinque Eleta, quien nos introduce en él con estas palabras«…este Pabellón de las Peonías que tienes ahora en tus manos quizá fuera engendrado por el sosiego, un lugar apacible, la amenidad de los campos, la serenidad de los cielos, el murmurar de las fuente y la quietud del espíritu, pues en esa situación, según dice el gran Miguel de Cervantes, cuando la naturaleza allá en la China, o las musas en la vieja Europa, se muestran más fecundas y ofrecen partos al mundo que lo colman de maravilla y de contento». A finales del siglo XVI se escribía este “Pabellón de las Peonías”, justo cuando también escribía Cervantes su Don Quijote y Shakespeare su Romeo y Julieta, coincidiendo así tres obras maestras de la literatura, incluso la muerte de sus autores en el mismo año de 1616. El amor, la muerte y los sueños como ejes centrales de una narración que nos sumerge en la mejor tradición literaria china. Una obra compleja, compuesta por 55 escenas donde el paisaje y el paisanaje se entremezclan con especial sabiduría, reclamando así la atenta mirada sobre la más pura tradición popular y de leyenda. La supervisión lingüística de la traductora hace que este libro sea tan hermoso como extraordinariamente recomendable al lector más exigente. Viene como anillo al dedo que sea este libro y no otro el que reciba hoy este comentario, por ser su protagonista una mujer, Du Liniang, que representa nada más y nada menos que la pasión por la vida y por el amor: «Aquí es donde mi brazalete de oro cayó. / ¡Cuánto deseo volver a ver a ese estudiante! // Ha quedado, por azar, prendado mi corazón / al lado de este ciruelo. / Como sus flores, sus hojas que despiertan el amor…/ Aventuraría mi alma fragante / a las lluvias, las tormentas, / por verme de nuevo con él / a los pies de este ciruelo». El amor ya habita en Du Liniang, la envuelve con la seda de la pasión, hasta enfermar y morir. A partir de este momento, Tang Xianzu, el autor de esta magna obra construirá una narración en la cual realidad y ficción se alternarán con maestría como si se tratara de un juego de espejos, y donde la poesía rezuma de forma tan natural como bella, como sucede en la escena 23 correspondiente a “Juicio en los infiernos”, cuando dice el Juez Hu a Du Liniang: «Recuerda / en las noches de luna y estrellas / inclinarte ante Cielo y honrar a la Tierra. / Permito que tu alma vaya y venga. / Estás liberada, / condonada del castigo, / sin nacer de un vientre, a la vida volverás. / Y aquellos cuatro amigos de las flores a tus órdenes tendrás, / que el oriol espíe, que la abeja os una, / que la golondrina confabule y la mariposa seduzca. / Y espera, / el hombre de tus sueños que descubra tu tumba ha de llegar». El enamorado, Liu Mengmei, arde en brasas del amor, el deseo fluye por sus venas y no puede dejar de pensar en la amada: «Paso las largas horas de la oscuridad recitando las perlas y el jade de sus versos, intentando captar su espíritu. Encontrarme con ella en sueños bastaría para que pudiera sentir todo el gozo primaveral». El amor como principio y fin de la existencia humana, ese que es capaz de vencer incluso hasta la muerte, porque de él nace la esperanza y la alegría, la hermosa experiencia de la vida. El jardín como símbolo de ese amor inextinguible, donde la armonía, la paz y la belleza de las flores acrecientan el deseo de ser amado, como así nos lo transmite en esta obra maestra de la literatura china su autor, Tang Xianzu. En palabras del enamorado Liu Mengmei: «A partir de hoy / juntos el camino trazaremos / que el Pabellón de las Peonías marcó en sueños». Una obra tan compleja como bella en toda la extensión de la palabra, culta, que nos llega gracias a la extraordinaria labor investigadora y traductora de Alicia Relinque.  

 

 

11 de marzo de 2018     José Antonio Santano